FUENTE: Tribuna de Periodistas (TDP)
![]() |
| Hecho con IA. |
Uno de los pilares del liberalismo ha sido, desde siempre, la estricta separación entre lo público y lo privado. Esta separación generó acostumbramiento y la dimos por obvia. Sin embargo, a los liberales pioneros les costó mucho trabajo intelectual y social, a veces vidas, hacerle entender a la humanidad la abstracción de separar ambas esferas.
A simple vista, no hay tal cosa como lo público y lo privado. Y existen situaciones grises o dudosas que hablan de una línea delgada y a veces difusa, que genera discusiones entre los expertos. Sin embargo, los argumentos para una separación estricta son contundentes.
Para empezar, en la esfera de lo público —lo que nos afecta y nos incumbe a todos por igual—, rige en última instancia la democracia. Esta consiste en un sistema de distribución o compartición del poder que supone la regla de la mayoría en un contexto de libertad de expresión y respeto por los derechos de las minorías. En cambio, en el ámbito privado —lo que afecta e incumbe a un individuo o grupo particular— impera la libertad individual o descentralización plena de las decisiones. Cada individuo decide sobre su propia esfera personal y es libre de generar acuerdos con otros.









