lunes, 10 de agosto de 2026

Son las instituciones, ¡de nuevo!


Generada con IA.
    La historia argentina se asemeja por momentos a un bucle infinito. Populismo de derecha, populismo de izquierda, populismo de derecha, populismo de izquierda… Y así sucesivamente.
    El país se desgrana desde hace décadas. La clase media se achica cada vez más. La educación se vacía y debe luchar contra múltiples demandas sociales que la sobrepasan. La cultura del trabajo es sustituida progresivamente por la desesperanza, la marginalidad y el relativismo. El narcotráfico gana poder y alimenta una subcultura de la muerte que le es afín. El imaginario del ascenso social se desvanece y el país se torna irreconocible respecto de lo que alguna vez fue o estuvo a punto de ser.
    Mientras todo eso pasa, y la imagen que nos enseñaron de la Argentina se diluye en el terreno, la dirigencia política se pelea por el poder absoluto. Eso es el populismo: un dispositivo para conseguir el poder absoluto en el marco de una democracia formal que se vuelve cada vez menos democrática. Se busca controlar el Estado y excluir a la competencia para imponer una verdad, en lugar de mejorar el Estado para que el debate se libere y tienda a acercarse espontáneamente a la verdad, sea cual sea ella.