lunes, 12 de octubre de 2015

Las contradicciones del feminismo extremista

El absurdo de usar la violencia ilegítima para combatir la violencia


Pintadas del feminismo extremista.
            El domingo, en Mar del Plata, grupos de feministas extremistas con palos y encapuchadas cual terroristas tiraron abajo la cerca de una iglesia y agredieron a quienes estaban dentro frente a la pasividad de la policía, que actuó tarde, sin proteger a los ciudadanos y a su propiedad pública y privada como corresponde. También dejaron pintadas del estilo de “Un macho muerto, un femicidio menos. Muerte al macho.”
            Los grupos extremistas pueden parecer a simple vista intrascendentes por su grado de locura e incoherencia, pero no se los puede subestimar porque tienen mucha capacidad de daño dado su fanatismo. Al Qaeda, por ejemplo, se propone el objetivo a simple vista descabellado e imposible de crear en todo el planeta un gran califato islámico, pero no por ello deja de estar en condiciones de influir en los aconteceres históricos concretos y de dañar y asesinar a muchas personas.


            Con el feminismo extremista pasa lo mismo. Su ideal último (que suelen no transparentar públicamente y escudar tras consignas populares como la denuncia de la violencia contra la mujer) es una sociedad gobernada por feministas extremistas que sometan y/o erradiquen a los hombres y a todas las instituciones, costumbres y valores que en teoría habrían sido creados por los hombres a lo largo de la historia al efecto de sojuzgarlas, desconociendo el importantísimo papel jugado por la mujer en la historia de la humanidad, incluso a veces a pesar de la discriminación institucionalizada en su contra.
            Como en todo fanatismo, las contradicciones de las feministas extremistas saltan a la vista. Entre otras: 1) dicen luchar contra una forma de violencia mientras ellas ejercen otra; 2) se inspiran en el marxismo, ideología que en su reelaboración posmoderna (que es la dominante en la Argentina actual e inspira al gobierno nacional) se ha encargado de victimizar a quienes cometen delitos, deslegitimando las sanciones y creando un entorno de impunidad que no hace más que corromper y facilitarle el trabajo a los violentos; 3) demonizan al sexo masculino y lo consideran prescindible cuando de no existir el mismo ninguna de ellas estaría en vida; 4) dicen repudiar la violencia contra la mujer y ellas mismas ejercen violencia simbólica contra sí mismas presentándose públicamente como objetos sexuales, como si su identidad estuviera dada por sus partes íntimas y no por su espíritu consciente, libre y racional, que es lo que nos une y dignifica como seres humanos sin importar nuestra condición social, religión, opinión o género; 5) dicen apoyar la lucha para erradicar la violencia contra la mujer pero al final de cada evento o marcha convocada al efecto provocan violencia, destrozos e incidentes que manchan la imagen y desvirtúan la lucha del movimiento y la causa que supuestamente defienden; 6) el feminismo extremista de inspiración marxista alega defender a la mujer pero la considera un medio y no un fin, puesto que busca hacer de la mujer un objeto ideológico que sirva de punto de apoyo para avanzar su doctrina de odio y violencia y su rechazo de la sociedad libre, democrática y tolerante que los argentinos a duras penas seguimos intentando construir y consolidar tras más de dos siglos de historia.
            Lo que me pregunto es si de verdad los organizadores de la marcha de Mar del Plata contra el femicidio y la violencia contra la mujer rechazan la violencia como tal, en todas sus formas y, en su caso, por qué permiten que grupos extremistas participen en sus actos o en su movimiento. Deberían entender quienes defienden los derechos de las mujeres en serio, sin instrumentalizar partidaria e ideológicamente a la mujer, que las feministas extremistas no comparten sus ideales y no hacen más que empañar su movimiento.

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