FUENTE: Tribuna de Periodistas (TDP).
La guerra en Irán no parece estar saliendo como Trump y Netanyahu preveían. El régimen iraní sobrevivió a su decapitación, las protestas internas fueron sofocadas a través de asesinatos masivos, al tiempo que el gobierno persa no quedó aislado internacionalmente. Peor aún, Rusia y China están colaborando con el régimen y este parece más radicalizado que antes. Ojalá esto cambie en el futuro, pero hasta el momento no pareciera ser el caso.
Un grave problema de Trump es que posee una mirada muy superficial y unidimensional del mundo. Suele comportarse como un niño caprichoso. Por ejemplo, si pierde una elección, no lo reconoce y alega fraude. Si alguien le hace una crítica, lo ataca. Si se le ocurre que desea algo, pretende tomarlo sin pedir permiso. Se maneja con nociones de poder bruto y visible, sin atender al largo plazo, a los sistemas de alianzas, a la cultura y al poder blando o prestigio. Y miente sistemáticamente. Su única estrategia es infundir temor y para eso quema sus cartas y tiende a quedar expuesto. Es cierto que su imprevisibilidad y temeridad le han otorgado, en algunos casos, mayor poder de negociación en el corto plazo. Sin embargo, a largo plazo, arrasó con la influencia y prestigio de Estados Unidos, alejó a sus aliados, unió a sus enemigos y quebró la confianza en las instituciones americanas (una confianza que fue construida durante siglos). Todo eso es una enorme pérdida para Estados Unidos, que lo deja peor posicionado para contener el expansionismo chino que se avecina.
