jueves, 29 de octubre de 2026

La caída vertiginosa de una extrema derecha fugaz

FUENTE: Tribuna de Periodistas

La caída vertiginosa de una extrema derecha fugaz

En política, nada es definitivo. No hay que dar por muerto a un espacio político ni siquiera desaparecido. Sin embargo, llama la atención cómo la extrema derecha, acaso por lo acelerado de los tiempos que corren, ascendió tan rápidamente como cayó.

Es cierto, algunos de sus exponentes lograron saltar tan alto como para aferrarse con uñas y dientes al Estado, apropiándoselo. Bukele logró forjar una dictadura, pero parece más la excepción que la regla. Trump y Bolsonaro no están destinados a desaparecer y sus fuerzas políticas probablemente continúen siendo relevantes, quizás logren generar una renovación interna, pero el clan Bolsonaro está preso o prófugo. Flávio tuvo que refugiarse en el santuario derechista trumpista. Dentro de poco, quizás Trump deba refugiarse en el santuario autocrático de Putin en Rusia. ¿Se llevará a Bolsonaro en su maleta? ¿Y qué sucederá si Putin cayera en Rusia a causa de su vergonzosa, inhumana y fracasada guerra contra la ultrarresistente democracia de Ucrania? ¿Acaso se subirán a un cohete de Elon Musk para guarecerse en Marte?

La extrema izquierda populista hizo enorme daño a la humanidad en las últimas décadas. Basta ver la devastada Venezuela, su émula Nicaragua, o bien la fracturada y violentada Bolivia. Y la extrema derecha, en mucho menos tiempo, no se queda muy atrás. Trump practicó una corrupción sin precedentes en Estados Unidos, degradando la democracia más importante del planeta. Convirtió la política exterior de la potencia hegemónica en su negocio personal y rifó al mejor postor decisiones estratégicas muy delicadas, que se van a pagar muy caro. Entregó tecnología sensible a cambio de inversiones que lo beneficiaran, usó y vendió información privilegiada y extorsionó violentamente y sin compasión a aliados estratégicos, como la víctima ucraniana, para obtener rédito personal. Y fue el propio Trump quien se alió con el gobierno autocrático de Venezuela justo cuando Maduro había caído, evitando el paso hacia la democracia y capturando el petróleo para Estados Unidos, traicionando al pueblo venezolano y a su líder, María Corina Machado. Entre los extremos simulan una guerra, pero se entienden muy bien cuando les conviene. Defender los intereses y los valores del autoritarismo es más importante para ellos que su identidad ideológica.